La sonrisa presumida de Valeria comenzó a desvanecerse cuando notó que la chica de camisa beige no solo no parecía avergonzada, sino que la miraba con una tranquilidad exasperante. Sus dos amigas, que hasta hace un segundo se burlaban en silencio apoyadas sobre el cofre del auto deportivo negro, intercambiaron miradas de duda.
Valeria se acomodó los lentes de sol, intentando recuperar el control de la situación. «¿De qué te ríes tanto? Ya te dije que te alejes de mi auto antes de que llame a seguridad», espetó con la voz levemente alterada.
En lugar de responder, la joven metió la mano con calma en el bolsillo de sus jeans. Sacó un control remoto de fibra de carbono con el emblema de la marca grabado en plata. Con un movimiento natural del pulgar, presionó el botón central.
Las luces LED del vehículo parpadearon dos veces y el rugido del motor retumbó en todo el estacionamiento al encenderse de manera remota. Los espejos laterales se desplegaron automáticamente y las puertas se desbloquearon con un sonido seco.
El rostro de Valeria quedó completamente congelado. La boca se le abrió ligeramente y soltó la bolsa de marca que llevaba en el brazo mientras daba un paso hacia atrás. Sus amigas se alejaron inmediatamente del vehículo como si el metal quemara.
«Decías que con lo que llevo puesto no me alcanzaba ni para una llanta», dijo la joven acercándose a la puerta del conductor, que se abrió suavemente. «Curioso, considerando que el título de propiedad de este coche está a mi nombre desde ayer por la mañana».
Valeria tragó saliva, buscando desesperadamente qué decir mientras su tono de piel pasaba del bronceado al pálido en cuestión de segundos. Sus amigas ya no sonreían; al contrario, la miraban esperando una explicación que no iba a llegar.
La dueña del auto se acomodó en el asiento de piel, aceleró suavemente dejando resonar el escape y miró a Valeria a través de la ventana abierta. «La próxima vez que quieras impresionar a tus amigas usando un coche ajeno para tus fotos, al menos asegúrate de que la verdadera dueña no venga a buscarlo».
El deportivo negro salió del estacionamiento, dejando a Valeria parada en medio del asfalto, completamente humillada ante las miradas de sus acompañantes.